viernes, 26 de diciembre de 2008

Paz, amor y financiación

(Versión modificada del artículo publicado el 25-12-2008 en Pressdigital.es)

Por estas fechas se cumple el 13º aniversario del acuerdo de Dayton y de su firma en París, oficialmente el chapucero final de la guerra de la ex Yugoslavia, aquel genocidio de características bárbaras que abrió la puerta a una era de conflictos mucho más cruentos de lo que hubieran podido soñar nuestros incivilizados antepasados.

Pero quisiera detallar algunas causas de ese trágico episodio de nuestra historia reciente, por ver si les suenan de algo: todo comenzó con 20.000 millones de dólares en deuda externa en 1985, con una inflación de 250% en 1988. Con varios gerifaltes desbancados de su pequeñas poltronas de poder por la caída del muro de Berlín que se aferraban a éste desesperadamente. La crisis fomenta el sentimiento de malestar y los culpables siempre son los otros. Los de otra raza (aunque todos fueran eslavos), otra lengua (el serbio se escribe con alfabeto cirílico y el croata, con latino), otra religión (católicos y ortodoxos, grandes diferencias… perdón, me olvidaba de los musulmanes), otra nacionalidad (si alguien sabe lo que es eso, yo cada vez lo ignoro más); pero las cosas podían haberse quedado ahí, si a aquellos codiciosos ex comunistas, que nunca lo fueron tal y como entiendo yo el comunismo, y ahora nacionalistas de toda la vida, no les hubiera interesado, en los medios de comunicación, en la educación, invocar viejos fantasmas del pasado: que si tú estuviste con los nazis, que si tú protagonizaste tal genocidio en Kosovo, que si el otro es un infiel musulmán… Parecido a lo que ocurrió en Ruanda poco después, ese país donde los conquistadores inventaron por estrategia de dominación las dos razas que luego acabaron masacrándose.

¿Empiezan a atisbar alguna similitud con algo que hemos vivido recientemente? Y que conste que no quiero hacer ningún paralelismo: España, en este sentido, es un país modélico donde hasta Espe y Zapatero, a pesar de sus opuestas filiaciones ideológicas, protagonizan un idilio político cuando la financiación entra en juego (mientras la madrileña reedita sus diferencias, no lo suficiente extintas, con Rajoy), donde los de Salamanca pierden los papeles casi sin quejarse, sólo con alguna sentencia en contra de la Audiencia Nacional, donde ni siquiera nos enfadamos con los jueces que dejan libres a los pederastas, y nuestros soldados en el exterior, si tenemos que hacer caso a Zapatero, paradójicamente sólo se ocupan de la paz. En suma, un ejemplo de civismo y modernidad.

Excepto cuando políticos nacionalistas de uno y otro signo se convierten en expertos marionetistas que agitan a los pobres ciudadanos al son de músicas con letras como “la crisis es culpa, como siempre, de los otros”. Porque hablan un idioma diferente, porque son ciudadanos de segunda categoría, porque son insolidarios, porque son unos ladrones centralistas, porque no son tan guapos como nosotros…

No, no pretendo hacer ningún paralelismo. Sólo alerto de que el fuego no es el mejor juguete que regalar a los niños grandes ni como presente navideño ni en ninguna otra ocasión del año, porque aún estamos apagando incendios del pasado. Regalémonos, por el contrario, un estado de opinión que nos permita reconocer dónde está realemente el enemigo y que favorezca el (imposible) reparto inteligente y equitativo de la riqueza que nos permita tener recursos industriales, educativos y sociales para salir de una situación que puede despertar, si ya no lo ha hecho, nuestro lado más oscuro.

En otras palabras: fraternidad y lucha.

Creáis o no en la Navidad, como fiesta religiosa o pagano solsticio de invierno, en el Año Nuevo o en cualquier esclavitud espaciotemporal que al final sólo sirve para conducirnos al consumismo, como decía un compañero de I Love IU en la lista de correos, ése sería un buen regalo.

Y un buen propósito.

1 comentario:

àngels dijo...

Hola, maca! No sé perquè no estaves enllaçada en el meu bloc... Ara ja podrem anar de bloc a bloc! Gràcies pels teus escrits!