lunes, 23 de febrero de 2009

Otra guerra perdida

Hoy me gustaría hablar de algo que me está dando vueltas en la cabeza desde hace unos días. Todo comenzó tras la lectura de una novela, que me recomendó encarecidamente un amigo de Amnistía Internacional. La trama se desarrolla en un país africano rico, sobre todo por su reservas madereras y por su petróleo, en el que como suele suceder, esta riqueza supone una maldición y la situación de sus derechos humanos es tan lamentable o más que en aquellas regiones del mundo donde los héroes de la Humanidad suelen intervenir para salvar a la población civil a base de reventarlos con bombas.Su presidente, jefe de una gran familia que colabora con él en todo lo que necesite, lleva 30 años en el poder y es el dueño de una de las mayores fortunas del planeta, fortuna a la que ha accedido mediante estrategias de negocios muy poco recomendables. Para poner un ejemplo, los derechos de extracción de su enorme reserva petrolífera aportan al país miles de millones de euros, pagados por gobiernos y empresas petroleras, sobre todo norteamericanas y chinas, y también francesas. Pero curiosamente este dinero no se invierte precisamente en políticas sociales (el país carece de sanidad y educación pública, entre otras insuficiencias, y las privadas son de muy poca calidad e inasequibles para sus habitantes, pues el 80% de la población malvive con 20 euros al mes), y sus mandatarios no sufren una insoportable presión por parte de dichos gobiernos y dichas empresas para que así se realice, ya que estos organismos tienen la lógica preocupación de tener garantizado el suministro de oro negro, cosa que con una administración más preocupada por el bienestar de sus ciudadanos no conseguirían.

Y es que ser dictador conlleva enormes gastos. Por eso, ni siquiera el aporte monetario petrolífero es suficiente, así que el presidente y sus familiares se dedican a traficar con drogas (el país es una de las mayores potencias de su continente en este comercio) y esquilmar terrenos edificables, negocios particulares, y hasta salarios de empleados para conseguir un sobresueldo, un sobresueldo que llega hasta la posesión por parte de la élite gobernante del 98% de la renta nacional. Naturalmente esto no le ha hecho ser muy popular entre sus compatriotas, y como el hombre tiene que defenderse, se suceden las detenciones, los encarcelamientos, torturas dignas de un filme gore sobre la Inquisición y las desapariciones.

La novela, publicada por El Andén (Barcelona, 2008), tiene como autor al viajero y escritor Fernando Gamboa, y su nombre es Guinea. Naturalmente, el país protagonista, un estado cuya renta por cápita ocupa el lugar 38 en el ránquin mundial, más que Arabia Saudí, por ejemplo, y su Índice de Desarrollo Humano el 121, cuyo índice de corrupción es el 151 sobre 163 según Transparency International, cuya esperanza de vida es 43,3 años, según AI (datos aportados por el autor), y cuyo presidente, Teodoro Obiang Nguema, fue calificado por Condoleezza Rice como ‘buen amigo’ y por la radio estatal como ‘el mismo Dios’, se llama Guinea Ecuatorial y, aunque muchos de nosotros no sepamos ahora casi ni situarlo en el mapa, era antes de 1968 y de una descuidada y chapucera descolonización una provincia española solamente un poco más exótica que las Islas Canarias. 'La perla de África', la llamaban. Una perla africana que habla castellano y comparte con nosotros la forma de vida y las costumbres, una perla africana que debería ser tan hermana para los españoles como los países del ámbito latinoamericano, pero más bien parece ocupar el papel de la oveja negra de la familia, y no pretendo hacer un chiste fácil.

Una oveja negra de la que la familia no recibe visitas, cartas, a la que se esconde con vergüenza ante los vecinos y a la que los medios de comunicación no mencionan. Una oveja negra sacrificada al Dios de las multinacionales.

(Publicado en PressDigital el 12-02-2009)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Llore, al leer este articulo, tan terrible sobre la situación de un pueblo hermano, al que hemos abandonado y donde capitales e industrias, y politicos, miran para otro lado, evitando ver la realidad de este pueblo abandonado a las manos de un gobierno dictatorial, acosador e indencente. Por favor, despertemos!! moverlo en la red!!

Eva Mª Durán dijo...

Ojalá despertáramos todos, pero creo que preferimos seguir dormido. Gracias.