Siempre sucede así, supongo: tu aparición fue inesperada, elegiste justo esos momentos que se viven varias veces en la vida en que piensas, a veces con razón, que todas las ocasiones han pasado ya de largo, que nunca se encontrará (y menos dada la situación actual) algo parecido a ti. Y comprendí que eras lo que siempre busqué sin saberlo. Y de pronto, sin que pudiera casi creerlo, mi vida adquirió tintes de paraíso, de novela… aquellos días fueron de vino y rosas.
Me esforcé para ser digna de ti, sin permitirme un solo error. Siguiendo el tópico, dejé de comer y de dormir, dejé de interesarme también por nada que no tuviera que ver contigo, y hasta arrinconé la actualidad: ya no me importaba la economía adversa, las bombas cayendo sobre los inocentes, que los gallegos eligieran despertar de nuevo a la realidad pepera después del fallido sueño socialista, que cada 8 de marzo los derechos de las mujeres aumentaran en la letra de la ley todo lo que retrocedían de facto. Era feliz.
Pero poco dura la alegría en casa del pobre. Al principio son pequeños detalles, que bien puedes atribuir, engañándote, a tu imaginación desbordada, a tus temores… Después piensas el error es tuyo y que debes cambiar. Siempre hay períodos de mejora, como en cualquier agonía, pero acaba llegando el final: como en la película citada, fábula sobre el alcoholismo, el vino acaba ahogando a las rosas y a todo su contexto, y sólo deja tras suyo vacío, marginación…
Pude escribir los versos más tristes esa noche, y de hecho creo que lo hice. Sentí que venía la muerte, y que eran los tuyos los ojos con los que me miraba; tu ausencia era tan terrible e inexorable como el sueño eterno, e incluso me dio por escuchar las frívolas e infumables cancioncillas de las emisoras comerciales que relataban angustias como las mías. Bienintencionados amigos me consolaban diciéndome que nunca me mereciste, y amigos igualmente bienintencionados me prevenían de que tal vez tú habías sido mi última oportunidad y yo te había dejado perder, porque evidentemente nunca podía existir un solo culpable.
Sí. En estos caso, es de recibo un ejercicio de introspección y retrospección buscando posibles errores y, sean reales o ficticios, evidentemente los encuentras. Pero no estás en situación objetiva de apreciar su verdadera magnitud.
Y sin embargo, un día, por puro espíritu de supervivencia, salí a la luz. Volví a visitar la actualidad que había desdeñado. Y entonces comprendí que no estaba sola. Formábamos un gran colectivo. Como el demonio de Gerasa en el Nuevo Testamento, éramos Legión, y tan malditos como él. Allí estábamos los que, como yo, entregaron cada gota de su tiempo y de sus ganas, y los que trazaron una frontera inexpugnable ante su espacio personal. Los fieles hasta la extenuación y los de las ausencias frecuentes y no justificadas. Los que amaron, los que sencillamente pasaron el tiempo, y hasta los que odiaron, pero que siguieron aguantando en aras a un beneficio mayor. Continuábamos sin dormir y sin comer, pero ahora lo que nos lo impedía era la incertidumbre, y la falta de dinero. Escuchamos la frase mágica: destrucción de empleo debido a la actual, y bien jodida, coyuntura económica a la que el Destino, encarnado en los poderes políticos y económicos, con especial relevancia de los de este país, nos ha conducido.
Ya éramos tres millones y medio de españoles sin empleo. Preparando la crisis social. Preparando, ojalá, la revolución.
Y vi que nada de eso me consolaba.
Apostilla
Éste es el mismo artículo que publiqué ayer en PressDigital, con sólo un par de modificaciones. Es también el último que escribo para este medio; en este caso, lo que he relatado, con algunas licencias poéticas, no es la ida de olla de uno de mis personajes surrealistas, sino un caso real, el mío. Para ser más clara, mi empresa tiene que vigilar sus gastos, y el gasto conocido por el nombre de Eva, que fue el último en incorporarse a la redacción, es también el primero en ser eliminado. Mi tristeza es grande porque no sólo pierdo mi principal fuente de ingresos, sino que una gran posibilidad de desarrollo y realización profesional, y creo que ha quedado patente. Pero no puedo olvidar que mi situación (aún me queda otro trabajo de media jornada, aunque no sea suficiente) no es ni de tan lejos tan dramáticas como la de muchos de esos tres millones y medio, y a ellos quiero enviarles mi solidaridad, mis ánimos y mi invitación a la lucha.
Por cierto, busco curro.
















7 comentarios:
Vaya, cuánto lo siento. Ánimo, siempre salen trabajillos y ojalá esto sirva para despertar conciencias dormidas.
Un abrazo.
Gracias. No veo tan claro que salgan trabajillos, realmente creo que esto es el final de mi carrera profesional, pero si sirve para despertar conciencias dormidas algo bueno tendrá.
Gracias por la limonada, Eva. Echa un vistazo en mi blog
Te felicito, por tu narración y supongo que como a ti a muchos les ha pasado inadvertido la última felonia del Consejo de Ministros del día 6, "de tapadillo" ahí es na:
Bonificación de cuotas a la Seguridad Social
La bonificación del 100 por 100 de las cuotas de la Seguridad Social por la contratación de personas desempleadas que cobren prestación permite convertir las políticas pasivas de empleo en políticas activas y favorece la contratación.
Para facilitar la contratación de trabajadores en desempleo que perciben prestación, la empresa que contrate a un trabajador en desempleo que perciba prestación podrá bonificarse el 100 por 100 de la cuota empresarial de la Seguridad Social de ese trabajador, hasta alcanzar como máximo el equivalente del importe que tuviera pendiente de percibir a la fecha de entrada en vigor del contrato con un máximo de duración de la bonificación de tres años.
El trabajador objeto de esta medida debe de llevar, al menos, tres meses en situación de desempleo. El contrato debe de ser indefinido y el empleo debe de mantenerse un mínimo de un año. Si se produce el despido con anterioridad, el empresario se verá obligado a devolver las bonificaciones que hubiera realizado.
Es una medida voluntaria a opción del trabajador que, de acuerdo con la normativa vigente, mantendrá sus derechos.
http://www.la-moncloa.es/ConsejodeMinistros/Referencias/_2009/refc20090306.htm#Empleo
Así que con esas prespectivas, como van a currar los que citas
Lo que es descabellado es que una IDEOLOGÍA NECRÓFILA esté ocupando el Parlamento y Gobierno (y parace que también el Judicial), y nos esté llevando decidida y abiertamente a apostar por la MUERTE y el asesinato de los humanos más indefensos de todos, los que están en las barriguitas de sus madres.
Es deprimente saber que tengo compatriotas tan cobardes como para justificar la alevosía que conlleva el ASESINATO de menores.
Igual que la ley de la gravedad no se puede cambiar por mayorías parlamentarias, donde hay un ser humano es imposible negar su existencia por igual mayoría parlamentaria. Cuando los parlamentarios que defienden este GENOCIDIO SILENCIOSO estén cerca de la muerte, habrán de saber que sobre sus espaldas pesan miles de VIDAS SESGADAS por la avaricia y codicia socialista. Millones de mujeres que han matado, se han arrepentido amarga y desconsoladamente cuando más tarde han sido conscientes del CRÍMEN al que el MOVIMIENTO NECRÓFILO le ha achuchado a cometer.
El PARTIDO NECRÓFILO en el Gobierno nos quiere vender la moto de que MATAR es un derecho. Un derecho de la mujer. MATAR no es un derecho, sea cual sea la edad de la VÍCTIMA.
Es lamentable que sea considerado una “conquista social” el hecho de despenalizar el ASESINATO por cuestión de la edad de la víctima. ¿La próxima “conquista social” cual será, despenalizar el asesinato de los mayores de 60 porque no son 100% productivos?.
Esto es PROGRESAR, con todas sus letras.
Esto es lo que nos prometían con su IMPLEMENTACIÓN DEL SOCIALISMO.
Este es el preámbulo de la decadencia y de la Camboya socialista:
MATAR, MATAR, MATAR, MATAR, MATAR (y la tentativa de ASESINATO SILENCIOSO MASIVO es tan burda que ni la contínua PERVERSIÓN DEL LENGUAJE de la que la RELIGIÓN NECRÓFILA hace gala puede esconder esta vez sus crueles e intrínsecas intenciones).
Una vez más, se pone en evidencia la máxima antihumanista:
¡¡¡SOCIALISMO O MUERTE, VALGA LA REDUNDANCIA!!!
Gracias por la info y la crítica a Mortal Contribuyente.
En cuanto al Anónimo, debo deciir que, evidentmente hay más fuera que dentro (de los centros de salud mental, me refiero). Qué mal está la peña, madre mía.
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