jueves, 2 de abril de 2009

Divagaciones cinematográficas en primavera: 'Che: guerrilla' y 'The Reader'

En estas jornadas de primavera donde todo parece oscilar entre la esperanza y la melancolía (esas nuevas perspectivas que el buen tiempo parece abrir, y la tristeza preventiva contra su más que probable no consolidación), una se encuentra, a veces, tirada en mitad de la procelosa urbe condal entre dos citas irrenunciables y demasiado separadas en el tiempo (no tanto como para volver al acogedor terruño) y bajo una lluvia tan beneficiosa para la tierra como para los resfriados.

Optas, entonces, por buscar un cybercafé donde conectarte a tu blog y a tu facebook, meterte en una cafetería y devorar el libro que siempre te acompaña ante una taza de humeante café con leche o entrar un un cine; normalmente, las dos primeras son las que elijo, pero últimamente y por consejo de un acompañante de esas tardes de romanticismo típico de cine francés de postguerra, he eligido en dos ocasiones la tercera. Las consecuencias son las siguientes críticas cinematográficas aficionadas (más bien divagaciones a propósito de una tarde de cine) y quizá un poco pasadas de fecha. Pero qué le vamos a hacer, llevo muchas películas de retraso; si tenéis alguna reclamación, ya os pasaré el mail de mis jefes.

Tarde de cine 1
Naturalmente, no podía perderme Che: guerrilla, máxime después de haber visto El argentino. Me pareció más cruda que ésta, el mismo tono documental pero con menos concesiones a la identificación del espectador con los personajes, que aparecían más lejanos, más inhumanos, retratados con más frialdad, como si el desastre final planeara por todo el film... por cierto, terriblemente absurda y al mismo tiempo terriblemente comprensible, dadas sus circunstancias, la reacción del 'soldadito de Bolivia, soldadito boliviano'... En cambio, el film me reafirmó en la idea de la dificultad de una revolución social sin pedagogía ni cultura previa, de que la manipulación informativa no se inventó en los años noventa (aunque la hemos perfeccionado que da gusto) y me hizo recordar también a aquel profesor de Relaciones Internacionales que tuve en la UAB quien, cuando nos explicaba los antecedentes de cualquier hecho histórico indeseable sucedido en el siglo XX, desgranaba siempre una cadena de circunstancias que venían a concluir en: EE.UU. tiene la culpa de todo. Bueno, sin querer ser excesivamente ingenua, dogmática o reduccionista, yo ampliaría el abanico de culpables a Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Italia, Alemania, e incluso a España en su patético papel, o sea, a los países del Occidente colonizador y del Oriente Medio rico y opresor: explotadores del mundo, uníos... bueno, esta exhortación es innecesaria, ya hace mucho tiempo que se han unido... Por mi parte, mantendré unidos mi cerebro y mi corazón a la figura de Erenesto Che Guevara, ejemplo de revolucionario coherente, con permiso de los que lo han convertido en un icono de consumo.

Tarde de cine 2
El tema de la incultura (que no es exclusiva de los campesinos bolivianos de la época a la que me refiero ni de nuestro maravilloso país, por muy raro que esto último pueda parecer) enfrentada a la política y a los derechos humanosç es también el tema de otra película que me hizo pasar un buen rato en las butacas del Icària: The Reader; su protagonista, obligada por las circunstancias y el analfabetismo a aceptar un puesto de guardia de un campo de concentración, avergonzada más de esta carencia cultural que de sus crímenes, hasta el punto de llegar a renunciar a su salvación para no tener que reconocerla, resulta conmovedora por su representividad de las contradicciones del ser humano y acaba siendo la cabeza de turco mediática de una responsabilidad colectiva, tras la reacción desproporcionada de un pueblo, el alemán, acosado por los remordimientos, de los que no se salva ni el hombre que hubiera podido ayudarla... Me encantó la forma tan esforzada de superar su hándicap, las molestias que su amigo se tomó en compensar su traición, la salida a la que se vio empujada al fallarle la única persona que existía en su vida...

Pero, aparte de otras consideraciones, me pregunto, ¿algún día los sionistas tendrán estos problemas de conciencia? ¿O la manipulación informativa y su propia ceguera autoinfligida les mantienen a salvo? En cualquier caso esto está durando mucho más que la Alemania nazi. Y EE.UU., el Occidente colonizador y el Oriente Medio rico y opresor tienen, desde luego, mucha culpa, profesor.

Como veis, esta tarde lluviosa he elegido la primera opción y aquí estoy divagando por escrito en un cyber regentado por paquistaníes donde las personas inmigradas vienen para comunicarse con sus familiares: dosis de realidad a raudales. En otra ocasión volveré a acudir a las tardes de cine, una de esas ficciones que no sirven para huir del mundo físico que te rodea, aunque sí para hacer la realidad más llevadera. Quizá porque te ayuda un poco a entenderla.

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