jueves, 30 de abril de 2009

Revolución 1

Los gritos de la guerra han despertado
a las espadas de la paz,
cadáveres saltando como muñecos de resorte
de sus ataúdes,
el Día del Juicio Final.
Las oleadas solidarias
nos han engullido
y el tumulto me ha separado de ti como si alguna vez
hubiésemos estado juntos
o hubiésemos querido estarlo.

O quizá sí.

Nos cuentan que allá lejos,
en tantas, tantas partes de ese lejos,
los fluidos corporales han dejado de mezclarse
excepto por el efecto de las bombas térmicas.

La marcha reivindicativa avanza.

(Siluetas de grasa licuada
superpuestas
se revuelven en una tristemente irónica
simulación del placer).

Sigue avanzando.

Va a arrollaros, ¿no os dais cuenta?
Nosotros y ellos,
los enemigos se harán aliados,
aliados de vuestra codicia y de vuestra estupidez.
¿Hemos despertado, decís,
o quizás sólo a un sueño más profundo?
Sí, respondemos,
quizá sí.
Pero miradnos, estamos vivos,
vivos en quizá otra muerte,
vivos en quizá una ilusión
de vida inteligente,
mantenida tal vez por otra información
sesgada y servil,
igual que antes por el pretendido bienestar de mundo primero
que nos vendíais.

Hasta que comprendimos que hay una sed
que no pueden apagar las botellas de cocacola.

Los gritos de la guerra han despertado
a las espadas de la paz;
sí, quizá a un sueño más profundo,
más ficticio.
No importa:
vuestro imperio
ha acabado.
Los estudiantes han apagado sus ordenadores,
aparcado sus sueños de futuro
y ocupado las calles,
mientras tu camisa blanca está manchada de rojo por empatía.
Los gritos de la guerra nos han despertado.
Somos soldados de la paz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tiene un regusto tan amargo debajo de la fina capa de la expresión...
Es algo que me conmueve demasiado.

El enmascarado rapsoda.