domingo, 31 de mayo de 2009

Una mala muerte, una verdad inasequible y una lógica en fuga

Desenterrar la verdad, si es que existe alguna verdad en algún lugar o en un algún acontecimiento, entre los aludes de informaciones contradictorias y, demasiadas veces, sesgadas o incompletas que nos ofrecen los medios de comunicación 'oficiales', significa un arduo esfuerzo. Pero casi es peor (es un decir) cuando esa información se nos ofrece completa y contrastada. Porque entonces te golpea la multiplicidad de las voces y las versiones, miras a los ojos al abismo de la relatividad y se tambalean todas tus creencias. Sí, desenterrar la verdad significa un arduo esfuerzo en todos los casos, porque nunca sabremos si realmente hay algo que desenterrar.

Este ataque de pseudofilosofía me lo ha ocasionado el reportaje de El País digital de ayer "La mala muerte de un desesperado". Según la pieza, no hay consenso acerca de si Miguel Berlanga, el hombre que murió tras ser linchado al intentar atracar un salón recretivo en Málaga era una persona desesperada, parado desde hace dos meses por la crisis de la construcción y agobiado por los pagos de la hipoteca y del coche, o tenía ahorros, prestación por desempleo y posibilidad de hacer chapuzas. Si era un hombre trabajador y serio, o el hombre que dormía en un coche robado. Si se llevaba bien con su mujer o estaban distanciados. Si conocía o no a los dos asesinos, al parecer relacionados con negocios ilegales, que se enseñaron con él, o la locura homicida de estos obedeció a una rabia acumulada en su interior y no se trató de nada personal.

Me quedo, sin embargo, ante las muchas caras de la verdad y la imposibildad en tantas ocasiones de realizar juicios morales, con el hecho desnudo, la información que proporcionan los sentidos: veo un hombre (que poco antes había intentado cambiar su coche nuevo por uno viejo y una compensación en efectivo) intentando atracar de la manera más chapucera posible un establecimiento, huyendo ante el primer empleado que le plantó cara y siendo linchado por los, es cierto, poco recomendables cliente del local a pesar de que se escapaba de vacío y ya no representaba ningún peligro. Es una imagen que, a pesar de las particularidades del caso, tiene mucho de simbólica de la situación de la sociedad y la economía actual: una sociedad y una economía que se basó en hinchar de manera artificial una burbuja inmobiliaria que explotó definitivamente, y que provocó la destrucción de espacios naturales para poder acumular viviendas que no iban a cumplir el propósito principal por el que debían haber sido creadas, esto es, albergar personas; y también en la pretensión de cambiar tu coche generador de cambio climático aunque en perfectas condiciones de uso por uno nuevo cada cuatro años para así seguir generando más residuos imposibles de reciclar y enriqueciendo a la industria del automóvil, que no duda en limpiar sus plantas de trabajadores si en lugar de cada cuatro años decides hacerlo cada cuatro y medio.

Una imagen que, espero, no sea profética de la locura social a la que un sistema productivo sin ninguna lógica, esa lógica que debería ser más fácil de descubrir y aplicar que la verdad pero que no lo está siendo, nos ha conducido.

¿Cuándo fue el momento en que la Humanidad perdió el Norte? ¿O es que nunca lo tuvimos?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, justamente ayer vi la noticia mientras comía. Por lo visto fue linchado por los secuaces que se había cogido como cómplices (así éstos salvaban su pellejo).

Lo que más me impactó sin embargo fue algo que he presenciado cientos de veces en estos sucesos: Los sempiternos vecinos que se mueren por soltar chorradas al micrófono daban una serie de versiones contradictorias del estilo "era buen hombre", "solo llevaba un par de meses en el paro", "no es para hacer lo que hizo" o "ganaba mucho dinero".
Ay de nosotros si nos alcanza la cruenta justicia popular.

Eso es lo que me da verdadero pavor: la justicia popular, la sabiduría judicial del populacho, la ley del talión, los fuenteovejuna que no distinguen entre comendador de Córdoba y cabrero de Ávila. El Terror atávico a ser juzgado y ejecutado por una guillotina inamovible que no tiene en cuenta que las motivaciones para un delito pueden ser tan depresivas para un individuo como las de cualquier hijo de vecino.

Todos nos quejamos de que la justicia va mal. Por favor, Jesusito de mi Vida de mi corazón... que me quede como estoy...

El enmascarado linchador.

Eva Mª Durán dijo...

Ah, era éso, eran sus cómplices? Es lo que me pasa por no informarme nunca en televisión Cuánta desesperación, cuanto miedo y cuanta cobardía (no es los mismo).

De todas maneras le tengo más miedo a la justicia española que a la popular. ëste debe ser el único país que deja libre a grandes corruptos, violadores y pederastas y condena a gente que sólo le ha lanzado a Juanka un par de frescas.