jueves, 18 de junio de 2009

Vicente Ferrer: vidas vanas, vidas lesivas y vidas como la suya

Hay personas que no sé sabe para que han nacido. Persisten toda su vida en vegetar. No reivindican ninguna justicia ni ningún derecho, ni siquiera su justicia ni sus derechos. No ayudan, no se ayudan. Pasan por la vida sin hacer el mal (si es que la omisión no lo conlleva), pero tampoco aportan nada bueno a este mundo (si obviamos los datos de audiencia de las cadenas de televisión y sucedáneos, claro). Sus rostros suelen ostentar una aburrida expresión apática.

Hay personas que han nacido para imponerse. En dirigir la vida de los demás en base a su supuesta superioridad religiosa, moral y política persisten toda su existencia; son los que pretenden instaurar, por la fuerza de las armas o la de los medios, sistemas políticos pretendidamente más respetuosos con las libertades del ciudadano (sin preguntarle a él, desde luego), pero en realidad sólo más respuetuosos con los intereses de los que lo defienden. Reivindican su justicia, sus derechos y ayudan, sí, con una ayuda que hace pedir a gritos la inacción. Pasan por la vida sembrando desconcierto y desastres económicos y políticos. Hay algo siniestro en sus caras.

Hay personas que han nacido para prosperar, aunque algunas ya nacieron prósperas. Persisten toda su vida en subir en el escalafón sin reparar en medios ni contemplar escrúpulos, impulsándose con la barandilla de la desesperación y la debilidad que hay a su alrededor. Reivindican que la justicia, los derechos y las ayudas se apliquen a ellos, y sólo a ellos. Pasan todoa su vida dejando un reguero de dolor a su paso, y cuando llegan a donde habían aspirado no saben disfrutar su triunfo. Por mucha que sea la belleza con la que hayan nacido, sus rostros acaban causando repugnancia.

Y hay personas que sueñan, se esfuerzan y luchan. A veces, sus objetivos son el desarrollo personal y profesional; otras van más allá, y hacen de la felicidad de los que tienen a su alrededor su causa. A veces a un nivel familiar, otras local, otras incluso mundial; no importa. Siempre sonríen, incluso cuando no hay razones. La vida de esas personas, corta o larga, nunca es vana.

Yo he visto la cara de la miseria en la India. Nunca pensé que en un rostro pudiera haber tanta desesperanza, tanta ausencia de futuro, tanta desgana vital; Vicente combatió contra todo ello, y consiguió todos los éxitos que puede conseguir el que envía su barco a luchar contra las tempestades del destino.

Que su vida no haya sido en balde. Creo que es el mayor elogio que se puede dedicar a alguien.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué belleza en la redacción. Es un gran elogio para Vicente.

El enmascarado.

Eva Mª Durán dijo...

Como siempre me alabas exageradamente, Enmascarado. Muchas gracias.