jueves, 30 de julio de 2009

Necesito urgentemente un folleto antisuicidio irlandés

Nunca antes las consecuencias de una política hecha con el bolsillo y la vanidad, en lugar de con la inteligencia y el sentido de ciudadanía, se han hecho tan terriblemente patentes en este país, que parece un espejo aumentador de la situación mundial. Nunca el caos ha reinado con tanta fuerza, nunca hemos estado tan seguros de que si realmente está teniendo lugar la eterna guerra entre el Bien y el Mal, el segundo ha ganado la última batalla.

La Sanidad pública está prácticamente destruida en Madrid y Andalucía, lo mismo se ve venir en Cataluña y no quiero ni imaginarme lo que sucederá después. Decir que ahora mismo visitar un hospital en algunos de estos lugares, como mínimo, es arriesgarte a que te maten o al menos a que te empeoren, está comenzando a no ser una exageración.

Parafraseando a Cayo Lara, España y los españoles se queman por culpa de cambios en la economía que han marginado prácticas sostenibles como la ganadería tradicional, y sobre todo por la falta de personal para la limpieza preventiva de los espacios naturales y el control de los pirómanos (algunos de los cuales no tienen un problema mental, a no ser que se considere así la ambición desmedida y psicopática); en Afganistán hacen más falta. Mientras, los ayuntamientos tienen que medigar los recursos y a los propietarios de extensiones considerables de tierras se les aplica la misma presión fiscal que a cualquiera de las grandes fortunas en este país: una palmadita en la espalda

El Govern de la Generalitat de Catalunya firma cada ERE que le ponen ante su inmensa jeta. Ya sea Nissan, ya sea Roca, ninguna empresa puede temer, bajo estas políticas de izquierdas tan beneficiosas para el ciudadano que puede comprarlas a no precisamente bajo precio, que los beneficios de sus propietarios y grandes directivos se reduzcan en la más mínimo. Y el gobierno central no se queda atrás, aunque es cierto que tenemos que agradecerlo su frontal oposición a las descabelladas pretensiones de la CEOE.

En estas circunstancias, la fractura social sería previsible, por lógica mucho más que nuestro servil adocenamiento y cobarde resignación. Pero el único grupo que se moviliza contra el sistema no lucha precisamente por una economía más repartida, racional, justa y sostenible ni por la mejora de las condiciones de vida de los habitantes de este país, sino por una entelequia política (muy respetable e incluso deseable, pero que no vale el precio de ni una sola vida) que no arrojaría mejoras significativas sobre el conjunto de la población a la que supuestamente se quiere beneficiar, y por si fuera poco lo hace utilizando la muerte de inocentes como argumento opositor; claro que las minorías que subvencionan las armas que sirven para este propósito no creo que lo hagan por convencimiento ideológico precisamente.

Visto este alentador panorama prevacacional, sólo nos quedan dos opciones: o utilizar este agosto para recargar las pilas revolucionarias de cara a plantearnos seriemente en septiembre una movilización general que haga temblar a las fuerzas económicas y políticas de este país, o llevarnos en nuestra maleta de vacaciones los folletos que el gobierno irlandés, con esa aterradora lógica celta, ha editado para prevenir los próximos suicidios de la crisis económica. Porque, si nosotros no las construimos, cada vez nos quitan más razones para seguir aquí.

2 comentarios:

Asterix dijo...

Los cambios siempre han ido de la mano de grandes movilizaciones y revoluciones. Primero llegan voces como la tuya y la de tantos otros que escribimos. Después llegará el día en que este capitalismo expremo y esta corrupción política globalizada cambie de táctica. Apuesto por estar aqui para verlo.

Eva Mª Durán dijo...

Yo también lo espero, compañera. Y mucho.