lunes, 6 de julio de 2009

Operativo surrealista: un cuento republicano

Quisiera dedicar este cuentecillo a Julio, para que su rojo corazón siga latiendo durante muchos y muchos y muchos años más:

Cuando regresó a su bar, se encontró con que éste estaba invadido por decenas de hombres ataviados con pasamontañas. Preocupado por la persona que tenía que encargarse del local en su ausencia, intentó burlar la vigilancia de aquellos, sin duda, delincuentes para intentar hacer algo por ella, pero fue en vano; los enmascarados le detectaron y se lo impidieron con no muy buenos modos. Pudo, sin embargo, ver como en el interior los clientes, esposados, rememoraban todas las películas de serie B sobre asaltos con rehenes y esperaban los maltratos, los disparos, las negociaciones y la entrada, seguramente tardía, de los efectivos de operaciones especiales.

Sin atreverse a moverse, y preguntándose por qué los asaltantes mostraban tanto interés por un botella que contenía un líquido amarillento de dudosa procedencia y por el interior de las lámparas, mientras contemplaba a una pareja que parecía estar desubicada en aquella invasión, él vio que los atracadores, al fin, abandonaban el local, llevándose, entre otros objetos sin importancia, una bicicleta y a un joven, rumano como él, en calidad de rehén. Él conocía a aquel chico: cuando quiso dar un paso, zarandeado por las fuerzas contrapuestas del miedo y la amistad, una mano pretendidamente tranquilizadora se posó en su hombro: "esto es un operativo policia de los Mossos d'Esquadra. Permanezca quieto y en breve le será posible entrar en su negocio". Supo que la extraña pareja desubicada eran el juez y la secrtetaria judicial que disponían de una orden de registro de la Audiencia Nacional, y comprendió que la pesadilla había terminado.

Respiró hondo. Sus clientes estaban a salvo, la persona que le ayudaba con el bar también, su amigo seguramente había sido víctima de un error y pronto saldría libre (a él le constaba que tenía todos los papeles en regla), nadie había sustraído ninguno de los bienes que tanto trabajo le había costado atesorar (y que eran la garantía de su superviviencia en aquel extraño país donde habían ido a dar sus huesos)... bueno, sólo estaban un poco malbaratados. Pero, lo que era más importante, se sentía seguro, más aún cuando le comunicaron que la acción de la policía autonómica iba destinada a impedir un atentado; evidentemente, la voz de la calle se equivocaba: la policía catalana y española sí se preocupaba por los derechos y libertades de sus ciudadanos, y no se limitaba sólo a freírlos a multas o a aporrearlos en las manifestaciones contrarias al pensamiento único capitalista y a los intereses de las grandes empresas. Al menos, el hecho que acababa de presenciar demostraba que, si no antes, los colectivos amenazados por el terrorismo común y corriente y por el machista estarían a salvo a partir de aquel momento, que las cosas estaban mejorando, que había una real voluntad política de invertir en seguridad ciudadana. A pesar de la discriminación, el paro y la crisis, se alegraba de vivir y trabajar en España.

Porque (estando en una democracia y siendo todos los españoles y españolas iguales ante la ley) el hecho de que las personas a las que se trataba de proteger fueran el ciudadano Felipe de Borbón y su esposa Letizia, naturalmente, no era un detalle relevante.

Lo que antecede no es más que la literalización de un hecho sucedido el pasado miércoles día 1 de julio: una tropa de Mossos d'Esquadra irrumpió en dos bares de Girona y los registró de la surrealista y poco respetuosa manera que he detallado antes (aquí sin ningún tipo de exageración), haciendo que muchas personas nos cuestionemos si realmento esto es un estado donde se respetan las libertades civiles, y facilitando las comparaciones con los indignantes sucesos de Honduras, entre otros. La razón: el viernes anterior, día 30 de junio, los principitos de Asturias (y de Girona) habían visitado la monumental ciudad catalana, y al parecer los Mossos recibieron la información, según ellos mismos, de que alguien quería "alterar el orden" y atentar contra ellos. El hecho de que el operativo tuviera lugar cinco días después de la visita no hace más que añadir absurdidad y hombresdepaquismo al asunto. Por cierto, el joven detenido salió de la comisaría a los dos horas, y ni en las lámparas, ni en el sospechoso líquido amarillo ni la bicicleta se encontraron explosivos ni nada que mínimamanete se les pareciera.

2 comentarios:

àngels dijo...

Genial, Eva! No hay relato más surrealista que la propia realidad cuando a ciertos colectivos se refiere! Siempre recordaré en este sentido un tal Arturito (el secreta más chulo y conocido de Económicas) y que protagonizó episodios parecidos.

Eva Mª Durán dijo...

Quería agradecerte tu comentario aumque han pasado varios meses, Àngels, pero es que ha sido ahora cuando lo he descubierto. Algún día me gustaría que me contaras la historias de Arturito, irían bien para alguna de mis novelas.