martes, 28 de julio de 2009

Para saber reconocer a los enemigos

Los inmigrantes, esos seres que desconocen los hábitos de higiene y conducta más elementales, consiguen los trabajos que deberían ser para nosotros, en su defecto las subvenciones que sólo a nosotros deberían pertenecer, y para su hijos las plazas de guardería que deberían ser de los nuestros (lo cual es particularmente grave sabiendo como sabemos que ninguna de esas madres trabaja, sino que se pasan el día mano sobre mano sin siquiera limpiar sus casas). Pero todo se solucionará cuando los echemos. Son nuestros enemigos.

Las personas que conmemoraron los 100 años de la Semana Trágica ensuciando las iglesias son unos vándalos que desconocen la historia y confunden nuestras situación actual, en que la Iglesia ha dejado de ostentar poder e influencia, con la de entonces, y por eso la atacan cobardemente. Se comportan como enemigos de la sociedad.

Los menores asesinos, maltratadores y violadores son un peligro para la gente de bien. Las penas de prisión deberían incrementarse y la edad mental reducirse para protegernos. Ya se sabe que no hay enemigo pequeño.

Zelaya no ceja en su intención de provocar una guerra civil en su país, volviendo una y otra vez y ocasionando que sus partidarios se revolucionen y que el gobierno de facto (bonita expresión) se vea obligado a tomar medidas de disciplina contra ellos, como esos pobre maridos a quienes sus sucias, dejadas e indisplicinadas mujeres les obligan a aplicarlas, con gran pena de sus corazones, un severo correctivo, y esos padres que rechazan a sus hijas violadas por haberles deshonrado, tal como dicta su antigua costumbre. Es un verdadero enemigo de su pueblo.

Y mientras tanto la CEOE, para consolarse tal vez de la tristeza que les causa tener que propiciar accidentes laborales para ahorrar costes que redunden en más contrataciones, se aprovecha de su actual situación de poder para rebajar los derechos de los trabajadores hasta unos niveles ante los cuales todas las palabras se quedan cortas, con el único objetivo de ayudar al gobierno (lleno de retrógrados sindicalistas piqueteros al parecer, que más quisiéramos) en su gestión de la crisis y crear empleo para todos. La Iglesia se preocupa por el bien de nuestras almas orientándonos a actividades sanas y moralmente aceptables, como el apoyo a militares golpistas y el sexo con menores (nada más inocente, ¿verdad?), en lugar de la adopción homosexual y el sexo consentido con pastillas del día después, que tanto perjudica a los menores y banaliza el sagrado acto de la concepción. El sistema educativo sacrifica la educación por el mercado, los padres sacrifican la atención de sus hijos por el empleo, y la adolescencia resultante sin conocimientos, sin valores y sin límites, es desatendida por un sistema judicial que ni puede protegerles ni puede redimirles, pues también se sacrifica al ahorro. Éstos son los verdaderos héroes. Y, si algo se desmanda en este orden cósmico neoliberal, siempre nos quedará la posibilidad del patriótico 'hondurazo', o de intentar reinstaurar o fomentar alguna costumbre anacrónica que nos haga aún más sumisos de lo que somos.

¿Se han dado cuenta ya de quiénes son sus verdaderos enemigos?

3 comentarios:

Asterix dijo...

Un post muy, pero que muy bueno. Se queda uno sin palabras cuando las lee todas juntas en tu entrada. la pena es que la cosa pinta pocos cambios y de haberlos, seguro que a peor.

Un saludo

Eva Mª Durán dijo...

Muchas gracias, Astérix. Pero creo que hay que ser optimista en el sentido de que la lucha y la implicación de la gente puden cambiar las cosas. Al menos eso quiero creer. Un cordial saludo.

Eva Mª Durán dijo...

Por cierto, felicidades porm tu blog. Información muy interesante. Lo pongo en mi lista de lectura.