martes, 20 de octubre de 2009

Deficiencias sensoriales y lobotomías varias: caso Millet y Montull

Años y años robando de las más creativas aunque desvergonzadas maneras. Años y años convirtiendo un icono de la música y la cultura catalana en un parque de recreo para las grandes empresas, y negando el espacio para su función original, o sea, conciertos o ensayos. Creando empresas ficticias para cobrar facturas por servicios en casi la mayoría de los casos inexistentes, inflándolas a comisiones, adjudicando cualquier gasto personal, por mínimo que fuera, desde los bodorrios de sus hijitas a los condones, a la cuenta del Palau, invirtiendo en políticos para sacar rédito de favores. Mientras tanto, uno de los interfectos al menos no dejaba de pasarse los derechos de sus empleados por el forro del nutrido billetero, tanto los propiamente laborales como los referentes a la intimidad sexual (vamos, que se puede decir que el dinero que recaudó a los ciudadanos para restaurar el órgano fue destinado a dar contento a otro "órgano", sin duda mucho más feo, diminuto y mugriento que el pensaban los inocentes donantes), y cogerse sonoras borracheras que hacían estremecer de asco al bello edificio, a la joya modernista desfigurada por los añadidos especuladores y degradada ante la frase "no hay presupuesto", que estaba viviendo un cáncer en su interior.

Y nadie lo sabía.

No lo sabía esa Generalitat que le concedió, para más recochineo con el ciudadano, la Creu de Sant Jordi. Esos partidos políticos favorecidos por sus donaciones las atribuían, al parecer, a su sabia gestión cultural. Sus subordinados, presentes en sus exhibiciones de desfachatez estafadora, debían estar mirando hacia otro lado en este momento. Dicen que la ceguera estimula el sentido del oído, así que mi pregunta es: ¿eran invidentes todos esos músicos o trabajadores de la música que vivían a diario semejante espectáculo, o es que los acordes de los intrumentos no les dejaban oír los rumores, o es que sencillamente perdieron en algún momento de su vida la facultad del habla? De la In-Justicia Española, que desechó con la mayor tranquilidad del mundo el único anónimo que alertó del expolio, no me extraña: suele estar afectada de una deficiencia visual rompetechera, de una sordera de abuelo Cebolleta y de una mudez digna de un Harpo Marx sin trompeta, sobre todo en lo que se refiere a los crímenes cometidos por ciudadanos de alto nivel adquisitivo y conspicuo poder político.

Parece que el asunto ha finalizado. Que la verdad se ha impuesto. A todo cerdo le llega su San Martín, diría el refrán popular, y cierto es que hay cerdos más cerdos que otros y que más se lo merecen. Pero también los préstamos acaban por dar sus beneficios, y no se puede entender de otra manera la actuación del juez Juli Solaz, que instruye el caso escudándose en las leyes (nefastas, pero no tanto) para no decretar ingreso en prisión o al menos fianza para los dos pájaros de cuenta, a pesar del riesgo claro de que destruyan pruebas o envíen a Suiza ese dinero que es de toda nuestra necesitada Cataluña, sin cultura, sin trabajo y con hipotecas; aparte de no llamar a declarar a ningún partido político, desde luego. Y el hecho de que el Govern se limite a cursar un recurso contra la libertad de los imputados, si abrir una investigación interna ni establecer ningún tipo de depuración de responsabilidades... pues qué queréis que os diga.

Pero ¿y la ciudadanía de Cataluña? ¿Y nosotros? ¿Dónde está esta conmoción de la sociedad catalana de la que hablan los medios? ¿Se ve en la calle? ¿Se han exigido explicaciones, devolución de capital...? Pues no. Unos sufren defciencias sensoriales y los otros estamos lobotomizados, como muy acertadamente expresa, y le robo el término, Lucien de Peiró. Contemplando en la televisión el Gran Hermano (ése que a su vez nos contempla) y viendo a los millones y millones (según los organizadores) de ultracatólicos desfilar en Madrid contra los derechos de la mujeres y de las familias no tradicionales, contra cualquier voz que se atreva a desafiar su poder y cuestionar sus ingresos, que cobran de nuestro estado aconfesional, a quien tanto critican, religiosamente. Y así nos va.

Pero que sigan así. La ciudadanía no siempre hemos sido tan estúpidos y perezosos, y a lo mejor no lo somos para siempre. Que nos sigan provocando. Es posible que un día estallemos y todo. Y entonces, que Dios les pille confesados. Aunque no sean creyentes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por explicar de una manera tan magistral tu opinión (igual a la mía) y por expresar las ideas con tanta fluidez (a mí me hubiera costado mucho ser tan coherente en mis comentarios. Hubiera soltado exabruptos varios y afilamientos de cañas para ensartar a viejetes y familiares)sobre este expolio tan... me quedo sin adjetivos, o soy incapaz de encontrar uno que se adecúe a esta actitud tan ruin.

Por cierto. ¿Te has enterado de la detención del alcalde de El Ejido (Almería)? Otro caso más de corrupción. Otro más... A veces pienso sinceramente si no necesitariamos un estado totalitario (proletario, se entiende) y la pena de muerte (quizás esto último sea una barbaridad, pero es que la impotencia ante las injusticias sociales, económicas y morales me sobrepasan).

Bravo, sinceramente me ha una excelente entrada.

El enmascarado flautista.

Eva Mª Durán dijo...

Un estado totalitario-proletario, no, Enmascarado, pero un sistema donde no se permita que la maldad humana campe tanto a sus anchas, sí. Evidentemente hay corruptos porque hay corruptores, y hay corruptores porque interesa que haya. Como dice un post que he leído hace poco, estas oportunidades de enriquecerse desaforadamente las da el sistema; si el sistema cambiara, no existirían estas ofertas que algunos no pueden rechazar, aunque en el fondo la felicidad que prometen sea vana. Y nosotros formamos parte de este sistema, no se te olvide.