martes, 27 de octubre de 2009

El virus (otro cuento apocalíptico)

La mujer entró en el banco con el rostro desencajado. Respiraba con dificultad y miraba a cada momento hacia su espalda, realizando involuntarios y casi espasmódicos movimientos con sus manos, como si algo demasiado horrible para aceptarlo la persiguiera. Se arrebujó en su chaqueta raída, para protegerse de un frío aún inexistente en la meteorología, y habló.

Desde entonces, dijo, muchos han muerto. Casi la mitad de los afectados. Accidentes de coche. Enfermedades incurables. Suicidios. Él vive temblando, sabiendo que quizá pronto le llegará la hora. O a mí. El virus se propaga a los seres queridos. Vuestro caso no es el único, replica la cajera. Existen más en muchos lugares. La gente se desespera. La muerte aparece, camuflada tras muchos disfraces. Los edificios se derrumban o, sencillamente, desaparecen. La gente está en la calle. Míralos. Muy pronto formarán ejércitos. ¿Recuerdas? Hablaban de la gripe A. Pero la gripe A nunca fue el problema. Se gastaron el presupuesto en vacunaciones absurdas, nunca tuvieron la intención de gastárselo en otras necesidades. Los hospitales, vacíos de personal y medios, fueron entregados a las empresas.

Y entonces la gente empezó a morir, añadió la cliente. Del virus de los hospitales entregados. Y del otro virus.

Pronto nos tocará a nosotros, responde su interlocutora. Dicen que han comenzado a cerrar sucursales. Para ellos es fácil hacerlo. Los primeros casos de cáncer han comenzado a darse. Esta mañana ha habido un choque múltiple en la Avenida.

Y hace mucho frío en la calle.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me dejas sin aliento, sin palabras... Siempre lo consigues.

Elevas la denuncia social a niveles poéticos...

Gracias por escribir.

El enmascarado griposo.

Eva Mª Durán dijo...

No me merezco tantos halagos, Enmascarado. De hecho, creo que eres el aúnico al que le gustan mis posts... De todas maneras, muchas gracias.