Unos empresarios de Valencia (lugar antes maravillosos y ahora asaltado por el PP y contaminado por el cáncer de los apartamentos y los campos de golf a pie de playa) abandonan a un trabajador con el brazo seccionado ante el centro hospitalario, tirando el miembro amputado a la basura; es el mismo trabajador al que explotaban haciéndole trabajar 12 horas por menos de 700 euros y al que tenían sin asegurar, aprovechándose de su desesperada condición de persona migrante, y al que por si fuera poco ahora acusan de borracho. ¿Creen ustedes que la justicia les ha echado mano? Pues se equivocarán: están libres como el viento.
Garoña es una central vieja e insegura (bueno, eso si admitimos que las palabras central nuclear y seguridad pueden ir en alguna ocasión de la mano); necesita reparaciones y actualizaciones, tiene fisuras por todas partes y ha sufrido demasiados accidentres en un espacio excesivamente corto de tiempo. Por si fuera poco, diversos estudios hablan de una elevada incidencia en sus inmediaciones de casos de cáncer de pulmón y leucemia, entre otros. Pero este cierre supondría la pérdida de unos 1000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. ¿Creen ustedes que Zapatero consideró un plan alternativo de ocupación para estas peronas cuando hizo su promesa, electoral y electoralista, de clausurar la nuclear? Seguirían equivocándose: si lo ha previsto, yo no me he enterado. Y los trabajadores, que es más grave, tampoco.
Mientras tanto, acompañado de Trillo, Aznar (envalentonado por la victoria de los suyos) sigue insistiendo en sus recetas liberalizadoras contra la crisis, que incluyen el Una, Grande y Libre, junto a su amigo del alma José Manuel Lara, el consejero delegado de Planeta (gracias a una amistosa conversación del par de pájaros que acabo de mencionar esta servidora de todos ustedes se vio obligada a expurgar de cualquier vaga alusión a la personalidad propia de Mallorca una guía del g¡gante editorial sobre la isla, cuando integraba las filas laborales comandadas por Lara, sí, no se lo pierdan), que desde luego no favorecerían a todos los afectados por los dos párrafos anteriores, esto es, a los trabajadores; y, por su parte, Espe ultima la definitiva mercantilización de la Salud como ya hace con la Educación. ¿Creen ustedes que alguien se está quejando? No, no lo creen. Saben perfectamente que desde las últimas elecciones gallegas en este país se apoya al corrupto y al explotador, a los mismos al quienes no condena en los Juzgados.
Esto no puede estar pasando. Probablemente en la noche electoral bebí demasiado para celebrar que ganó la izquierda solidaria y que en su primer discurso garantizó con creces el cumplimiento de sus promesas, el alcohol me sentó mal y estoy teniendo una pesadilla. Debe ser eso. O la pesadilla es, sencillamente, la realidad, igual que el infierno, decía Sartre, somos nosotros.
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jueves, 11 de junio de 2009
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