jueves, 11 de marzo de 2010

España: un país sin justicia, sin inteligencia, sin lógica

No voy a ser nada original hoy, ni siquiera actual: si este mundo se repite no voy a ser yo quien innove.

No es la primera vez que utilizo los adjetivos "surrealista" y "kafkiano" para etiquetar al país donde vivo, al que siempre he considerado como el abanderado de un mundo que se ha desquiciado completamente. No es la primera vez que le acuso de ser el lugar donde los impuestos (a las clases populares, se entiende) son equiparables a los del primer mundo, mientras que los salarios y el nivel educativo se acercan a los de algunas de las naciones desfavorecidas del Planeta; hasta hace poco nos salvaban las prestaciones sociales, pero eso también ha cambiado, una mudanza que en los últimos tiempos amenaza con ser vertiginosa. Tampoco es una novedad que lo califique como un país de chiste, donde los abusos que suceden, desgradaciadamente, en tantos otros (aunque sólo se contabilizan si han tenido lugar en Cuba, Venezuela, y demás países taqn poco rentables para el sistema), adquieren un tinte de chascarrillo, porque aquí ni joder a l@s trabajador@s se sabe hacer con inteligencia. Y tampoco es la primera que acuso a la Injusticia española de premiar a los delincuentes, sobre todo si pertenecen a la élite, mientras castigan a los verdaderamente justos.

En este blog se ha hablado del caso de Garzón, del alcalde de Seseña y el Pocero, y ahora tengo que citar el caso de Marina Albiol, diputada de EUPV, acusada de infamias por el presidente de Castellón Carlos Fabra, tal vez el político más corruPPto (y más impune) de esta farsa llamada democracia española. El horroroso delito de Marina fue repartir pegatinas con la imagen que se reproduce en este post, delito que, si realmente lo fuera, que no lo es, comparado con las fechorías de ese personaje tan bribón como ridículo, con esa imagen inspiradas en los desfiles más fachafashion, quedaría bastante mermado.

Pero amig@s, esto es una monarquía constitucional, con jefes de Estado hereditarios pero súper campechanos y presos políticos que no son presos políticos para nadie. Todo es perfectamente lógico y razonable, los pobres deben arreglar entre todos las crisis mientras los ricos la disfrutan, buscar la justicia y denunciar la corrupción es perjudicial para la estabilidad del país y motivo de imputación penal. Pero, como no cometemos las rojas barbaridades de universalizar la Sanidad completamente, la vivienda y la protección frente al desempleo como en Cuba, todo se nos puede perdonar. Somos fieles acólitos de un sistema que pretende solucionar la lentitud de las piraguas en competición ampliando el número de entrenadores bien pagados y suprimiendo a los remeros; o sea, que no quiere oír hablar de subir los impuestos a los más ricos para hacer políticas de empleo, mejorando al mismo tiempo las prestaciones sociales y el acceso a la vivienda, que sería lo razonable. Recortar gasto público y obstaculizar de la peor manera la pequeña y mediana empresa es la receta.

Que Dios nos pille confesados a los de aquí abajo, porque ellos y los que les respaldan ya tienen asegurado el paraíso en la Tierra.

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