martes, 16 de marzo de 2010

Instrumentalización y corrupción de doctrinas: casos de pederastia en el Vaticano

No voy a caer en el error de denigrar una doctrina por los abusos que se han cometido en su nombre. Cualquier argumento se puede manipular y subvertir, sobre todo ante una masa oprimida, temerosa y sin acceso al conocimiento. Cuando algunas personas atacan las ideas de ésta que suscribe alegando los desmanes que representantes de la ideología comunista han cometido desde su creación, o las pequeñas o grandes traiciones que muchos polític@s denominados de izquierdas y muy cercanos en el espacio y el tiempo están perpetrando, mi respuesta siempre es la misma: hay una gran diferencia entre decir que se es y ser en realidad, y para mí las personas que cometen abusos y vulneran cualquier derecho fundamental, o no tan fundamental, sobre todo si es contra las clases desfavorecidas, no son comunista, ni siquiera de izquierdas; probablemente no lo hayan sido nunca.

Por tanto, no pienso utilizar los últimos escándalos sucedidos en la jerarquía católica,que han salpicado incluso al ínclito Ratzinger, para justificar el ateísmo ni siquiera para atacar la doctrina cristiana. Obviando la adecuación a su contexto temporal y a una sociedad no tan evolucionada (o involucionada) como la nuestra, no hay en los textos básicos del cristianismo, como tampoco en los del islamismo o el comunismo, ningún llamamiento a la violación de los derechos humanos (dejando claro que la concepción de "derecho humano" como un imperativo de respeto es una conquista actual), sino un afán de justicia social unido a consejos prácticos de vida para el momento en que se gestaron, algunos de ellos, desde luego, completamente desfasados dado el devenir del mundo. Lo que se tiene que combatir es el empleo de esta o cualquier doctrina como opio y martillo del pueblo, como instrumento de dominación y de opresión, uno de cuyos signos es la prohibición por parte de sus más altos representantes de cualquier tipo de evolución de la misma para adaptarse a nuevas situaciones.

Este indicio de que la ideología está siendo instrumentalizada tiene, además, otros inconvenientes. Es ley de la naturaleza que todo lo estancado se corrompe, y el no abrir los preceptos cristianos (y más concretamente católicos, una de las modalidades más integristas de esta doctrina) a la sociedad actual, igual que no se han abierto a ninguna de las sociedades que se han sucedido desde su creación, posibilita que (aparte de unas pocas personas muy convencidas con el mensaje original y realmente honestas) sólo una minoría de enfermos además de la mayoría de aprovechados ya antigua sean los que decidan integrar las filas de la Iglesia, produciendo así unos escándalos ya inocultables en el seno de una institución ya desde hace demasiados siglos llena tanto de los gusanos de la podredumbre como de los monstruos de la ambición.

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